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Contrastes en el diálogo

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El Diálogo para la Paz y la Reconciliación Social actualmente en proceso está inmerso en un debate público que data de experiencias similares anteriores; cuya discusión ha propiciado la división de la opinión pública en tres grandes grupos: los que apuestan por sus bondades, los que lo cuestionan y los que se hacen indiferentes. 

La novedad en este nuevo ensayo es que ahora son mucho más los que lo atacan que los que lo auspician; y la justificación del diálogo la ha asumido la dirigencia gremial de los empresarios; tanto o más como lo han hecho los integrantes de la comisión legislativa. Además, en la postura defensiva se ponen en evidencia ciertos contrastes que hacen oposición a prácticas y creencias de conocimiento público. Algunos de esos contrastes son los siguientes:

El contraste

1.- El diálogo actual, al igual que todos los intentos anteriores, tiene como telón de fondo el contraste entre democracia y dictadura. Dos posiciones completamente antagónicas y hasta excluyentes, con agendas propias de lo que debe ser y lo que no debe ser en versión de derechos humanos y libertades ciudadanas; lo que traduce una confrontación entre dos sistemas de gobierno: el democrático y el dictatorial o autoritario. 

Lo mejor y deseable es que gobierno y oposición dialoguen y negocien condiciones que beneficien a las grandes mayorías en un solo sistema anclado en los principios democráticos y morales.

La confrontación entre lo ético y lo antiético evidencia el primer gran contraste del diálogo actual, porque hacer transacciones con un régimen que ha sido acusado por crímenes de lesa humanidad, no parece correcto, pero en política se dan casos inverosímiles. 

2.- El diálogo actual, a diferencia de los intentos anteriores, procura la inclusión de la sociedad civil a través de sus organizaciones representativas. Hasta este 16 de febrero son tres los sectores que han sido convocados para los encuentros respectivos: el sector empresarial representado por Fedecámaras, el de las universidades y el de los trabajadores.

De los tres eventos dos han sido fraccionados y solamente el de Fedecámaras ha sido completo; aunque hay un 25% de sus integrantes que no está conforme con el diálogo, según se ha dicho públicamente. La CTV  mediante un comunicado ha expresado su rechazo para esa participación, mientras que la representación universitaria guarda discreto silencio. 

El después de una trayectoria de coincidencias

Estos primeros resultados contrastan con el propósito del diálogo; en tanto que la intención es articular mecanismos en el sector privado  y tocar todas las puertas que haya que tocar. Los resultados iniciales no están completamente alineados con el propósito de la articulación. El hecho de que tanto el sector más representativo de las universidades como el de las federaciones sindicales se nieguen a participar es una clara demostración al menos de desubicación; después de una larga trayectoria de coincidencias, especialmente en lo político con la participación de los tres sectores en el Frente Amplio Venezuela Libre. 

Este segundo contraste es aún más notorio porque se había creído que la actuación de Fedecámaras sería de “efecto bisagra”; articulando a las representaciones de la sociedad civil y el sector gubernamental. Se creyó, incluso, que el propósito era lograr un Acuerdo Nacional para superar los impases habidos en el sector político de oposición. Ese propósito ha quedado en suspenso para dar paso al Diálogo para la Paz y la Reconciliación.

3.- El tercer contraste es no menos significativo y se contrae en la razón principal que se ha dado para justificar la presencia de Fedecámaras en el diálogo.

La participación empresarial

Se ha dicho repetidas veces que la participación empresarial está justificada en el hecho de que el gobierno de Maduro ostenta el poder real para hacer los cambios necesarios; lo cual es una verdad relativa. No se trata simplemente de ejercer el poder sino de cómo el gobierno ha obtenido el poder que ostenta. 

La usurpación y los principios morales de la democracia pierden validez e importancia en la pretendida justificación, creándose así un contraste  esencial con lo que ha sido toda una tradición. Ese poder real es el mismo que ha utilizado el gobierno para expropiar y confiscar bienes de los empresarios. ¿Sí o no?

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