Quizás desde la Segunda Guerra Mundial, no se había dado un evento tan impactante como esta pandemia del COVID-19. En aquella época la reflexión general, originó la creación de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Lo que representó, inmensos e importantes cambios y avances en la integración de los países y en la búsqueda de objetivos comunes. Por supuesto que son desafíos permanentes, hoy representados en la Agenda 2030 y los 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS).

El año 2020, será recordado como el más complejo de la era moderna. La pandemia del COVID-19, afectó a toda una sociedad y de que manera. Para algunos, evidentemente de forma dramática. El anuncio de una posible vacuna abre las puertas de la esperanza, pero aún hay un trecho que cruzar y existen cambios que serán permanentes.

Más allá del COVID-19, los «riesgos» que afronta la humanidad son muchos, pero cada «riesgo», genera «oportunidades». Lo ideal es poder adelantarnos al «riesgo», para evitar que se materialice y tenga consecuencias, como las que hoy estamos viviendo. Los organismos internacionales con ayuda de expertos y diferentes instituciones universitarias y de investigación, están permanentemente adelantándose y alertando estos escenarios.

Sin embargo, en ocasiones es necesario que se materialice el «riesgo», para poder reflexionar. Para dar un «stop». Eso es lo que ha significado esta pandemia COVID-19. Así que podemos a partir de ella, imaginarnos o «simular», que pasaría con otros escenarios y aprovechar esta coyuntura de unión entre países, para poder tomar las acciones del caso y desarrollar planes de contingencia, transformadas en políticas públicas.

Esto no significa ser profetas del desastre, sino, asumir las buenas prácticas internacionales recomendadas por expertos. Cada sector debe hacer lo propio. Por ejemplo, el sector empresarial y de emprendimiento, a través de sus líderes gremiales, puede hacer mucho, como actor fundamental en las economías y la sociedad.

Partiendo de promover de forma proactiva, la adopción de estas buenas prácticas por parte de los gobiernos de sus países. Eso significa una visión estratégica a largo plazo, que asegura que estos posibles escenarios de «riesgos», no lo afecten.

Lo segundo, es promoverla entre sus afiliados y dar el ejemplo, aunque no existan políticas públicas al respecto. Un ejemplo de ello, es la adopción voluntaria de iniciativas como el pacto mundial, propuesta de compromiso promovido por la ONU, para que los empresarios adopten en sus estrategias, el respeto a los derechos humanos, el cuidado al ambiente, la lucha contra la corrupción, entre otros principios.

Otra forma sería adoptando, las buenas prácticas de «Normas ISO de Sistemas de Gestión», aunque no se tenga previsto un proceso de certificación. Porque estas normas, están alineadas a contribuir a los desafíos de la humanidad, contenidos en la Agenda 2030.

Un ODS fundamental es el No.17 «Las Alianzas», ya que de este derivan una serie de iniciativas, donde la integración con las partes interesadas, es decir, sociedad, ONG´s, proveedores, clientes, entes reguladores, etc., busquen en conjunto el equilibrio entre sus necesidades y los objetivos empresariales. 

La hoja de ruta esta clara. Lo que he descrito no es nuevo, es una forma distinta de expresar, lo que muchos han estado promoviendo a nivel mundial. Sin embargo, el llamado a la acción, debemos seguir haciéndolo en nuestras áreas de influencia. 

Lograr abrir los ojos y la toma de conciencia es un reto. Esta pandemia del COVID-19, además de afectarnos negativamente, puede ser la ¨Oportunidad¨ y el inicio de un proceso de revisión de la forma de convivir y enfrentar los grandes desafíos que tenemos. Sigamos insistiendo en este mensaje, por el bien de las generaciones futuras. Como establece el mensaje principal de la ONU con los ODS, ¨que nadie se quede atrás¨.

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