A pesar de que sean conceptos distintos, van de la mano siempre. La relación que guarda la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) con los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) propuestos por el Sistema de las Naciones Unidas, es vital para que en diez años podamos vivir en un mundo próspero, sin diferencias entre seres humanos y con una calidad de vida que en la historia de la humanidad jamás se ha presenciado.

Según Cajiga (2006), la Responsabilidad Social Empresarial:

Es el compromiso consciente y congruente de cumplir integralmente con la finalidad de la empresa, tanto en lo interno como en lo externo, considerando las expectativas económicas, sociales y ambientales de todos sus participantes, demostrando respeto por la gente, los valores éticos, la comunidad y el medio ambiente, contribuyendo así a la construcción del bien común (p.4).

Mientras que los Objetivos de Desarrollo Sostenible son el símil de lo que se espera sea el mundo dentro de 10 años, es decir, una especie de plan a largo plazo que se hizo con la intención de lograr el desarrollo en todos los ámbitos de la vida a lo largo del globo terráqueo, sin dejar a nadie por fuera, cohesionando las acciones de las empresas, naciones y sociedad civil como nunca antes se había hecho.

Trabajando de la mano

¿Por qué se relacionan? Pues, tanto la RSE como los ODS trabajan en pro de lograr un mismo fin, la Responsabilidad Social Empresarial lo hace con el fin de lograr cumplir de forma exitosa los objetivos internos y externos de la empresa para que ello repercuta en el bien común no solo de la gente, sino del entorno y elementos que la rodean, mientras que los Objetivos de Desarrollo Sustentable, buscan cumplir con 17 pasos establecidos por las Naciones Unidas, de modo que con su ejecución se logre alcanzar el bien común.

¿Coincidencia? No parece. En lo único que se diferencia es que por lo general la RSE es aplicable específicamente en empresas o negocios como dice su nombre, sin embargo, al hacer las comparaciones podemos decir que las Naciones Unidas son una empresa, solo que sin fines de lucro y que está buscando al igual que cualquier otra, cumplir con sus objetivos planteados, con la finalidad de no solo tener un beneficio propio, sino de generar acciones positivas que le ayuden a los seres humanos a vivir una mejor vida.

Aunado a todo lo expuesto, tenemos que las características que hacen a una empresa socialmente responsable tienen que ver con lograr ser económicamente viables, ambientalmente responsables y socialmente beneficiosa. Esto quiere decir que una empresa con dichas características no solo mejora a nivel institucional, sino que aporta a hacer un mundo mejor, cumpliendo con algunos ODS como son “Acción por el clima”; “Trabajo decente y crecimiento económico” y “Producción y consumo responsable”.

No son solo una utopía

Aunque todo lo escrito se lee fácil y hace pensar que son acciones a las que todos están dispuestos a sumarse, hay aspectos que deben ser tomados en cuenta, que también le hacen pensar al ciudadano común si realmente es posible cumplir todos los ODS o si solo son una utopía de la humanidad.

Entre esos aspectos está el contexto, elemento que afecta tanto a los ODS como a la RSE, pues como ambos van de la mano, lo que le afecta a uno directa o indirectamente le afecta al otro. Como ejemplo reciente tenemos a la pandemia por COVID-19. Muchas empresas socialmente responsables se han visto afectadas y por ende los ODS también, puesto que el golpe a las economías del mundo dificulta que la empresa privada, el Estado y la sociedad civil logren trabajar en conjunto cuando los problemas individuales son tan grandes.

No obstante, la esperanza no está pérdida, así como las empresas poco a poco se han empezado a reinventar para seguir trabajando y aportando a la sociedad desde casa, el cumplimiento de los ODS se pueden llevar a la comodidad del hogar, solo que a menor escala.

Desenchufar cables y dispositivos electrónicos, reciclar los desperdicios de manera correcta, bañarse en máximo cinco minutos para no malgastar el agua; utilizar bicicletas para hacer diligencias puntuales; congelar comida sobrante y no botarla; comprar productos a precio justo para respaldar el comercio sostenible y enseñar a los jóvenes sobre igualdad de género e inclusión social, son algunos ejemplos de cómo favorecer a los ODS desde casa.

Mismo fin con diferente escala

Entonces, qué quiere decir esto, que la RSE y los ODS no solo se relacionan en el hecho de alcanzar objetivos para lograr un bien común, sino que son conceptos que pueden ser llevados al hogar sin que pierdan su foco y efectividad. Con tal de que cada persona ponga de su parte, pueden lograrse grandes cambios en el mundo.

Como reflexión personal, considero que los ODS y la RSE nunca pueden desligarse uno del otro, la diferencia recae en las ambiciones de cada uno. De parte de las Naciones Unidas el bien común que se quiere lograr es a nivel mundial, mientras que una empresa socialmente responsable, puede lograr lo mismo, pero en el lugar que este opere, dirigido a su comunidad y entorno.

El tema desarrollado no es juego, ni debe ser visto como una utopía, puesto que al ser percibido de esa forma, desmotiva a muchas personas que quieren unirse a la lucha por no creer que sea posible. Así como en clase se dijo que “ser socialmente responsable es un estilo de vida”, esta es la manera en que los seres humanos tienen que ver los objetivos planteados por las Naciones Unidas y por las empresas para la que trabajan.

Un mundo sin hambre y pobreza, con calidad de salud, bienestar, educación; igualdad de género, aguas limpias; energía asequible; trabajo decente; crecimiento económico; industrias, innovación, emprendimiento; sin desigualdades; pero con unas ciudades sostenibles; una producción y consumo responsable; con personas involucradas en llevar a cabo acciones por el clima y la vida submarina; aunado a instituciones sólidas, alianzas y una vida en ecosistemas adecuados, es lo que se lograría si tan solo se cumplieran los objetivos que se plantean las empresas socialmente responsables y los establecidos en 2015 por las Naciones Unidas.

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