Con la culminación del periodo académico 2019 – 2020 el pasado 30 de junio, las experiencias de docentes, representantes y estudiantes han concluido que la educación a distancia es viable, siempre y cuando se cuenten con las herramientas necesarias. No obstante prefieren la presencialidad en las aulas.

Muchos padres se convirtieron en docentes y en muchas ocasiones en estudiantes, puesto que habían cosas que al ser tan complicada la explicación vía digital, ellos tenían que encargarse de que sus hijos entendieran, y en muchos casos ni ellos como padres lo hacían por no contar con el previo conocimiento.

Testimonios de colegios privados

Un estudiante del colegio Mariano Picón Salas, ubicado en Puerto Ordaz, y quien finalizó su quinto y último año de bachillerato en este periodo escolar, explicó que para él las clases virtuales estuvieron bien, ya que era la alternativa a las clases presenciales. El bachiller, comentó que lo que no le gustó fue la desorganización que hubo en el segundo lapso con algunas materias en las que el profesor enviaba contenido sin explicación del mismo y con las fechas de entrega de las evaluaciones, que lo que hacían era mezclar todo, dejándolos sin tiempo de hacer algo más que no fueran tareas.

En el tercer lapso la experiencia mejoró notablemente, aseguró, “hubo un mejor trato por parte de los profesores, las explicaciones y la comunicación mejoraron mucho”. También afirmó que en relación con la organización, mejoró con respecto a las fechas de entrega haciendo de ese lapso una experiencia más cómoda y mejorada.

Laura Sayago, representante de tres estudiantes del Colegio Loyola Gumilla, ubicado en Puerto Ordaz, expresó que la experiencia como padre, muchas veces la hizo sentir frustrada e ignorada por el colegio, porque no recibían la información y no había respuesta por parte de los profesores. “Quedamos por nuestra cuenta, así que fue todo un reto y poco a poco se pudo lograr, manteniendo un buen promedio y buscando que los chamos aprendieran, que es lo más importante”, aseguró.

La representante del Loyola, también dijo que en su caso la relación entre alumno – docente varió dependiendo de cada profesor y de los distintos métodos que empleaban, lo que confundía a los estudiantes. Sin embargo, muchos respondían dudas y hacían aclaraciones durante el tiempo establecido para ello. También en algún punto la exigencia de múltiples actividades sin saber las notas que se llevaban acumuladas afectaron el desempeño y entendimiento del lapso académico. Algo bueno es que los estudiantes mejoraron el manejo de aplicaciones de Office, siendo un avance para su desarrollo educativo, afirmó Sayago.

Testimonios de un colegio público

Marisol Gómez, representante de una niña que pasó para quinto grado en el colegio Bicentenario de la independencia, ubicado en una zona rural del sector Villa Bahía, Puerto Ordaz, comentó que la experiencia fue algo diferente, pues no solo debía enseñarle a mi niña, sino también tenía que aprender ella para poder ayudar a su hija.

Para ella este formato de clases no deja de ser mejor que el de clases presenciales. Afirmó que “lo único desagradable es cuando había problemas por la señal y se dificultaba recibir las tareas o enviarlas, en mi caso tuve la facilidad,  pero muchos niños no la tuvieron. Sin embargo las profesoras fueron muy flexibles y pacientes. Mi experiencia fue grata, no cambiaría nada”.  Al preguntarle cómo fue para su hija la experiencia, aseguró que sí le gustó, sin embargo decía que lo que no le gustaba era que no podía ver ni interactuar con sus amigos en clases.

Jacqueline Herrera, profesora del colegio Bicentenario de la Independencia, relató que la experiencia de trabajar a distancia en el espacio rural no se puede describir como un éxito, pues muchos de los niños y niñas pertenecientes a la institución no cuentan con los recursos tecnológicos necesarios para enviar las actividades pedagógicas asignadas.

Entre las medidas que tomaron en el colegio ubicado en el sector de Villa Bahía, tuvieron que habilitar buzones en la comunidad donde los padres representantes y responsables depositaban las actividades elaboradas, para que luego los docentes las recogieran. Herrera alegó que no le gustó la incertidumbre de saber si los niños estaban realizando las actividades pedagógicas asignadas o no, asegurando que las clases virtuales podrían ser una opción viable si se contará con los recursos y la tecnología necesaria.

Coordinación zonal de Fe y Alegría

Belkys Mayo, coordinadora pedagógica zonal de Fe y Alegría en Guayana, explicó desde su punto de vista lo bueno y lo malo de ver clases virtuales. Dentro de lo bueno, comentó que este formato brinda la oportunidad de ser corresponsable con la educación de los hijos y de garantizar el envío de documentos o portafolios al docente directamente. Sin embargo, el hecho de no contar con las condiciones, ni la pedagogía o la paciencia para orientar las actividades es un problema. 

Los aspectos que se mejorarían desde la coordinación zonal para un mejor desempeño y entrega durante las clases virtuales, tienen que ver con: la dotación tecnológica para el docente, la formación en entornos virtuales, mejor remuneración o incentivos económico, de salud física y emocional al profesional de la educación. 

Mayo aseguró que “para los padres tener a sus hijos en la modalidad remota o a distancia ha sido un reto… El proceso de velar por el logro de las actividades de su hijos, sin dominar algunos conocimientos obligados; los obligaban a llamar a la maestra, de modo que esta los asesorara”. 

Hubo casos en los que el docente renunció o no se incorporó más, tocándole dar las clases al coordinador y al director.  Mayo, afirmaba que en algunos casos los padres sin paciencia ponían en riesgo a los niños de ser maltratados. “Se brindó apoyo psicoemocional psicosocial. Establecimos alianzas con UNICEF alcanzando a  contar con un equipo de apoyo psicológico para equipos directivos y docentes. Llegando a brindar herramientas a las familias” alegó la Coordinadora.

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