No hay una economía completamente libre, la libertad absoluta no existe. En todos los países la economía tiene cierto grado de dependencia o restricciones impuestas por el Estado; aun en los que tienen mayor índice de libertad. La democracia es, en cierta forma, un escudo protector de la economía, pero no suficiente. El desarrollo económico está sujeto a licencias y regulaciones establecidas por  el aparato estatal en leyes y otras disposiciones. Pareciera que sin empresa privada la existencia del Estado regulador se reduciría considerablemente, porque no tendría razón de ser. Poseer activos, ser propietario es una cualidad que no está bien vista por muchos gobernantes y políticos. 

Las regulaciones crean dependencia y reducen la libertad; pero en actuación paralela el Estado está obligado por leyes fundamentales a facilitar y proteger el desarrollo empresarial. El sistema de regulación y el proteccionismo son funciones antagónicas pero son también necesarias.

Para establecer los contrapesos en la intervención del Estado y en particular la del gobierno, los empresarios se organizan en gremios; tanto por actividad como por jurisdicción, para evitar los desequilibrios que puedan afectar de manera negativa al desarrollo socioeconómico. Por su parte, los gremios asumen la misión de coadyuvar con el Estado en el diseño de políticas públicas, estableciéndose así una relación de doble vía: la de enfrentamientos y la de cohabitación. 

Los gremios empresariales existen para evitar los excesos en el sistema de regulaciones y exigir protección para la producción de bienes y servicios cuando sea necesario. Esas son las funciones principales del gremio; por lo que el dirigente gremial debe ser muy cauto en el ejercicio de estas funciones, ponderando debidamente los factores en juego. Para el dirigente, la cautela muchas veces deviene de su doble condición de ser propietario de empresa y ejercer la dirigencia gremial al mismo tiempo, sin que sus derechos individuales tengan “fuero sindical” como ocurre u ocurría en los gremios de  trabajadores.

En muchos casos, el temor a las represalias del gobierno tiene efecto inhibidor para el dirigente, lo cual se hace más evidente cuando la organización gremial tenga tanto o más debilidades que fortalezas. En cualquier caso, el dirigente siente la necesidad de desarrollar habilidades discursivas para no caer en el terreno de las alabanzas inmerecidas ni en ataques directos y ofensivos contra el gobierno. Es la argucia en el uso del lenguaje de estilo moderado e inspirado en el respeto.  

No todos los empresarios son adversos al gobierno de turno y cada gobierno tiene sus partidarios a quienes favorece y premia. En las organizaciones empresariales ocurre lo mismo: no todos los agremiados hacen contrapeso al estamento gubernamental, aun en las altas instancias de dirección; algunos son amigos discretos del gobierno, otros actúan por camouflage y no faltan los llamados “camaleones”, los que se enchufan en todas las administraciones. Los que saltan la talanquera son los menos y lo hacen con el mayor descaro e inmersos en sus propias contradicciones. Son los empresarios que hasta han llegado a crear y mantener gremios paralelos complacientes con el oficialismo. 

A final de cuentas, lo que más atrae a los empresarios gobierneros no es propiamente la capacidad de intervención, sino lo que algunos denominan como “mieles del poder”. La cohabitación es también un modo vivencial.

 Asumir por voluntad propia la responsabilidad de dirigir a un gremio empresarial es una decisión de mucho significado y desprendimiento. En Venezuela no hay otra representación que tenga el nivel de exigencia como el que tiene la dirigencia gremial centralizada en Fedecámaras. Tampoco hay otro sector que sea más afectado con las regulaciones que el empresariado nacional.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here