¿Por qué los gobiernos siguen aplicando la cuarentena con tanto rigor?, es la pregunta que nos hicimos en el artículo anterior (La Cuarentena y su Efectividad) y que ahora nos proponemos responder con la presente entrega. Son varias las razones que explican la respuesta y cuatro de ellas sobresalen: 1) la emergencia derivada de la propia pandemia; 2) la falta de alternativas preventivas; 3) el deterioro y la incapacidad de los servicios públicos de salud; y 4) la pretensión de mantener la situación bajo el control único del gobierno. 

El control social es, sin duda, la razón principal de la actuación de los burócratas. Controlar la propagación de la enfermedad, por un lado. Y por el otro, evitar que sectores de la sociedad civil ejecuten algunas acciones que le resten protagonismo al gobierno, son objetivos de primera línea. Controlar no es una simple consigna; es mucho más. Tampoco es llevar una contabilidad diaria de muertes y contagios. Es mantener el orden establecido mediante un conjunto de actitudes y medidas estratégicamente definidas y puestas en práctica con apoyo en la coacción. 

La cuarentena y el control social

En el caso de la cuarentena, el control social está soportado por dos tipos de agentes, uno activo y otro pasivo; conformados por el grupo dominante que impone las medidas coactivas y los grupos que las acatan y las cumplen. Hay también el autocontrol que es una tercera modalidad bastante generalizada; apoyada en la comprensión propia de la persona y en la cual la voluntad individual y colectiva es tan importante como la relación entre la autoridad y la obediencia.

El caso Venezuela refleja con toda claridad la influencia de cada una de estas modalidades de control. Negarle a Fedecámaras su participación en el programa de vacunación es un ejemplo de cómo se controla.

La inmovilidad es otro ejemplo de las prácticas estratégicas para tener un control cada vez más completo de la situación; y el QuédateEncasa es útil para la prevención, pero lo es también para evitar las protestas de carácter político ante el hecho de haberse tenido 1.500 manifestaciones durante los tres primeros meses de 2021, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social. 

Impresiones engañosas

Más allá de los asuntos de salud y economía, la cuarentena le sirve a los gobiernos para poner en práctica algunos de sus propósitos políticos; y con la inmovilidad se crea la sensación de estar dando una respuesta positiva contra la Covid-19. Pero esa es una impresión engañosa, porque bien se sabe que el control de la pandemia deja mucho que desear en resultados concretos. Por lo menos en lo pertinente a la propagación del virus, aunque debe reconocerse que controlar una situación como la Covid-19 no es fácil. Lo que sí controla el gobierno de manera efectiva es la adquisición y aplicación de las vacunas para decidir cuáles son aplicables y cuáles no; así como quienes deben ser sus beneficiarios.     

El autocontrol y el acatamiento de las medidas van de las manos y lejos de crear relaciones de antagonismo se comparten y complementan. A esa asociatividad se debe, en buena parte, los logros que pueda imputárseles a las cuarentenas. ¿Cuál sería la situación actual si seis meses atrás los gobiernos hubiesen cancelado las cuarentenas? Ciertamente estaríamos ahora sin confinamiento, pero ¿las muertes y contagios habrían disminuido? 

Factores positivos y negativos

Negar la acción positiva de la cuarentena en la prevención del virus no es justo ni razonable; tampoco es justo y razonable despreciar los efectos negativos que la cuarentena ha causado en la economía, sobre todo porque el confinamiento ha sido una respuesta dada de manera conjunta por la sociedad civil y los gobiernos ante la emergencia de la Codvi-19 y la falta de alternativas aplicables, salvedad hecha respecto al tapaboca y el agua y el jabón. 

Hace aproximadamente seis meses surgió en Venezuela y otros países una matriz de opinión contraria a la aplicación de la cuarentena y centrada en la disyuntiva salud o economía; en el intento de darle tanta o más importancia al desarrollo económico  sin que ello fuese causa de menoscabo para la salud pública.

La dinámica hizo que en criterio universal la salud pública conservara su primacía sobre lo económico y ahora la disyuntiva tiende a convertirse en una atención debidamente ponderada para ambos sectores. En todo caso, la aplicación de la vacuna hace presumir con mucha confianza que las cuarentenas ya están en cuenta regresiva, por lo que los tambores de la economía comienzan a sonar en todo el mundo. Las miradas se fijan cada vez más en los presupuestos de inversión para superar la crisis económica.

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