En Chile se está desarrollando en el transcurso de estos días una intensa polémica acerca de la efectividad de la cuarentena anticovid-19. Axel Kaiser, uno de los polemistas y autor de varios libros sobre economía, dice en una de sus más recientes exposiciones que: “hay cada vez más evidencia de que las cuarentenas causan más daño a la salud mental y física de las personas —sin mencionar la economía— que el mismo virus. Peor aún, cada vez más estudios indican que el contagio del virus no se deja afectar por las cuarentenas de manera sostenible…Toda la política de cuarentenas ha sido no solo inútil, sino contraproducente y tremendamente destructiva desde el punto de vista humano”, afirma Kaiser.

Los polemistas que cuestionan a la cuarentena refieren la existencia de varios centros de investigación mundialmente reconocidos y de los propios investigadores para reafirmar sus opiniones. Entre otras instituciones destacan a las universidades de Stanford, Harvard y Oxford.

En diciembre de 2020 el American Institute for Economic Research –dicen los polemistas- compiló una lista de 24 estudios realizados por diversos expertos en distintos países concluyendo que las cuarentenas no servían al propósito que se planteaban. Puede consultarlos en la web de la institución.

Este mes, la revista Nature y la OMS han publicado un nuevo estudio, según el cual el  98% de las comparaciones entre 87 regiones diferentes del mundo no encontramos evidencia de que el número de muertes / millón se reduzca al quedarse en casa” concluyen los  polemistas en Chile.

Y como si todo esto no fuera suficiente, los investigadores refieren el testimonio de la Great Barrington Declaration, firmada por 13.732 académicos y científicos del rubro médico de todo el mundo, además de 41.637 profesionales de la salud; todos rechazando las cuarentenas y promoviendo políticas de protección focalizada.

Más allá de la polémica chilena, The New York Times en un reportaje publicado a comienzo de semana, respecto a su investigación realizada durante el mes trece de la pandemia para recoger retos de personas relacionados con el trabajo, los expertos consultados afirman que la crisis es de productividad laboral; hay más tiempo disponible y menos obligaciones, y cada vez se hace menos.  La productividad individual y colectiva se reduce. 

Los analistas coinciden en la tesis que llaman “hastío existencial”.  El espacio y la movilidad se han reducido y entonces hay que permanecer mucho tiempo en el mismo lugar; en un ambiente sin cambios perceptibles y de monotonía excesiva.  Soportar el hastío durante unos días es tolerable, pero es ya llevamos más de un año en medio de la crueldad y para colmo: sin saber cuánto tiempo más nos espera, afirman. 

Además, en el mismo reportaje The New York Times hace referencia de una investigación entre 2651 empleados, realizada por la empresa Metlife; que ofrece servicio de prestaciones sociales en EE UU. Mediante esta, se determinó que los entrevistados se sienten afectados por el agotamiento, la depresión y el estrés, secuelas de la salud mental globalizada por la pandemia. 

Por su parte, los polemistas que defienden la efectividad de la cuarentena hacen referencia a varias pesquisas  realizadas en Chile y otros países. Estas evidencian un estudio internacional de Barbara Nussbaumer et (al 2020) que contiene 29 análisis, en el que sí se demuestra el efecto de reducción de los contagios. Otro estudio de los investigadores Dandekar y Barbastathis, de MIT, llega a la misma conclusión. Y a nivel nacional, el Centro de Modelamiento Matemático de la Universidad de Chile ha desarrollado abundantes estudios cuantitativos que demuestran que las cuarentenas tienen el efecto deseado.

La objetividad fuerza para ser prudente con el tema; pero los resultados de investigaciones realizadas por instituciones acreditadas en diferentes países no dejan duda acerca de la poca efectividad de la cuarentena. Además, no hay suficientes evidencias concluyentes que demuestren lo contrario, en el sentido de que el confinamiento ha cumplido con el propósito de la prevención y mucho menos con el mejoramiento de los servicios de salud. El solo cierre de los centros educativos durante más de un año y sin fecha cierta para su reapertura; adicional a los fallecimientos de casi tres millones en el mundo y la pérdida de empleos, la quiebra de empresas y el costo social causado; son evidencias irrefutables de que el sacrificio ha sido mayor que el beneficio aportado por la cuarentena.

Los argumentos dados por instituciones acreditadas en diferentes países; más los hechos de la realidad a la vista de toda persona; comprueban que la cuarentena no ha sido efectiva, hasta ahora, para detener y aplanar la curva ascendente de la Covid-19. En contraste con la verdad de los argumentos y hechos probatorios, los gobiernos en gran parte del planeta siguen aplicando la cuarentena con diferentes modalidades; a pesar de la afectación de la salud física y mental y los daños causados a la economía y al desarrollo socioeconómico. ¿Por qué los gobiernos siguen aplicando la cuarentena con tanto rigor? Ése será el tema de nuestra próxima entrega.

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