Cruzar el Río Grande en la frontera entre México y Estados Unidos no es cuestión de competencia y mucho menos de placer; es una verdadera aventura ante los riesgos que están en su travesía, pero la necesidad obliga. En abril pasado más de 178.000 migrantes de diferentes nacionalidades tuvieron que hacerlo a costa de llegar a Texas de manera indocumentada. Es la cifra más alta que se registra en los últimos 20 años, a decir de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU. 

Algo similar ocurre en las fronteras terrestres de Venezuela con Colombia y Brasil. Es la odisea causada por la  prolongada crisis multifactorial de una Venezuela paupérrima y que algunos analistas prefieren llamar diáspora. 

Desde 2015 más de 5.6 millones de venezolanos han dejado a sus hogares y al país para refugiarse en otros países; lo cual agrega nuevos problemas a los gobiernos receptores, convirtiéndose en la segunda crisis de desplazamiento más grande del mundo, solo por detrás de Siria.

“Filippo Grandi, alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, destacó que uno de cada cuatro niños venezolanos son separados de uno o ambos padres; uno de cada tres niños se va a dormir con hambre; casi dos tercios no ha ido a la escuela desde el inicio de la pandemia; y el 49 % de los adultos ha perdido su empleo”, según publicó la periodista Mariana Sofía García (@sofiggarcia) este 17 de junio.

Problemáticas

Los refugiados crean problemas porque en su mayoría son más consumidores que productores de bienes y servicios y en todo caso los gobiernos receptores tienen que facilitarles la satisfacción de sus necesidades, lo cual hace más crítica la situación en algunos países  que ya venían confrontando precariedad en la asistencia de sus propios habitantes. Al mismo tiempo, se generan manifestaciones de rechazo a los refugiados por parte de los nacionales que ven disminuidas las posibilidades de sus beneficios, especialmente en las oportunidades de trabajo remunerado. Para las mujeres la situación es peor, debido a la violencia doméstica, el acoso sexual y los femicidios, además de la xenofobia.

El problema es tan sensible y conmovedor que ha motivado el desarrollo de la Conferencia Internacional de Donantes en Solidaridad con los Refugiados y Migrantes Venezolanos, este jueves 17 de junio, convocada  por Canadá y la participación activa de 46 países. La idea de la Conferencia fue lograr una cifra similar o superior a los 653 millones de dólares alcanzada en un evento similar en el 2020 y efectivamente, las contribuciones llegaron a un monto de 1.554 millones de dólares, de los cuales 954 millones son aportados como donaciones y 600 millones para programas de asistencia humanitaria. Esa conferencia es un gesto de verdadera solidaridad ante la situación de los migrantes venezolanos.

Migrantes y solidaridad

La solidaridad con los migrantes venezolanos no se queda solo en ayudas monetarias; son muchas las evidencias de desprendimiento y generosidad vistas en los últimos días. Dos de ellas ilustran con suficiente claridad: 1) la decisión del gobierno de Colombia para otorgar a más de un millón de inmigrantes venezolanos el Estatus de Protección Temporal, lo cual traduce un gesto de alcance extraordinario, y 2) la licencia otorgada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos este jueves 17 de junio en la que autorizó al Gobierno venezolano para hacer operaciones a través del Banco Central de Venezuela, el Banco de Venezuela y el Banco Bicentenario para atender actividades relacionadas con la pandemia de COVID-19.

Solidaridad es una cualidad humana,  es un sentimiento y adhesión a una causa; es ayudar sin esperar nada a cambio y es  también una decisión incondicional y altamente generosa en satisfacciones, más aún cuando deviene de países con problemas también preocupantes en sus propias jurisdicciones. Es  la solidaridad que va más allá de las promesas y la teoría. 

“Esta es nuestra forma de decirle al pueblo venezolano que no los vamos a dejar solos. Siguen y seguirán contando con España», dijo la canciller de España en la conferencia de Canadá. Mientras Nicolás Maduro calificó la donación para los migrantes como una “farsa mediática y una política injerencista de máxima presión”. 

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