Las expectativas planteadas con las vacunas contra el coronavirus son propicias para recordar a Alí Khan cuando decía con su sonora voz: ¡partidaaa!; con la diferencia de que antes la competencia era entre caballos y ahora es entre países, gobiernos y empresas transnacionales, todos pujando por el gran premio a la mejor vacuna contra el codvi-19.

Esta lid se ha intensificado después que Vladimir Putín anunciara la aplicación del medicamento ruso, Sputnik V, a partir de octubre próximo, sin haberse cumplido la fase 3 como requisito indispensable  para garantizar la efectividad y seguridad de las vacunas.

Por su parte, el gobierno de Estados Unidos está presionando para que la vacuna se aplique en ese país antes de las elecciones de este noviembre. 

La competencia la encabezan cuatro potencias mundiales: Estados Unidos, China, Rusia y Reino Unido.

Detrás de ellos y en alianzas diferentes con universidades e institutos especializados actúan catorce empresas transnacionales: Johson & Johson, Novartis, Pfizer, BionTech, AstraZeneca, Moderna, Novavax, Cansina, Cureva, Gamaleya, GlaxoSmithk,  Inovio, Sinovac y Clover.

En desarrollo están más de 100 vacunas y desde el viernes  reciente 6 antivirus tienen ya aprobación de sus respectivos gobiernos (5 en China y 1 en Rusia) mientras que 13 están siendo analizados en seres humanos (fase 3).

La ventaja hasta ahora la tiene AstraZeneca la transnacional que en alianza con la Universidad de Oxford ha tomado la delantera. La transnacional ha convenido con Oxford para que la universidad tenga a 300 investigadores trabajando en la producción de la vacuna y ha anunciado que tiene acuerdos con sociedades público-privadas en diferentes países para producir 3.000 millones de dosis.

Entretanto, no menos de 12 farmacéuticas están ofreciendo la aplicación antiviral para el último trimestre del 2020 y primer trimestre de 2021. La expectativa más optimista ubica la aplicación permitida a partir de este octubre, mientras que la menos optimista ubica la aplicación en un plazo de 9 meses  

La competencia parece no dar tregua y definitivamente no la habrá por el carácter de urgencia que tiene la vacuna. El factor tiempo es determinante en este caso y son muchos los intereses poderosos que están en juego. Para tener una idea de la inmensa cantidad de dinero  representada por la venta del antiviral basta calcular ese monto solo con la mitad de la población del planeta (3.800 millones de habitantes) a un precio promedio de 10 US$ por dosis individual. 

No son muchas las referencias de casos similares ocurridos en el pasado y esta vez la competencia adquiere carácter excepcional porque incluye la participación activa de la ciencia, la tecnología, la economía y los gobiernos de muchos países en el solo procesamiento de un producto, pero la mayor peculiaridad es que se trata de una confrontación que en nada perjudica a la humanidad, sino todo lo contrario, la beneficia.

La competencia es entre gigantes y al final los riesgos serán compartidos, aunque el premio se lo llevará quien o quienes más puedan.

La OMS pide prudencia en las ofertas de vacunas, pero los intereses de los proveedores están desenfrenados. En previsión de las imprudencias, tres organizaciones de rango internacional se han responsabilizado para la fiscalización de la compra y suministro de las vacunas a nivel mundial, incluída la OMS en el grupo de fiscalización. 

“Una vacuna inefectiva es peor que ninguna” dice un virólogo de la Universidad de Reading (Inglaterra).

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