Reviso por segunda vez la encuesta Encovi 2019-2020 de las tres universidades venezolanas (UCV, UCAB y USB) y cuando intento guardar aparte algunas de sus cifras me doy cuenta que no tiene sentido hacerlo porque las cifras no son estáticas, cambian al término de poco tiempo y casi siempre en línea de desmejora. En ese trance, recuerdo a Emeterio Gómez cuando quince años atrás me decía que Venezuela en lo bueno y positivo es un país en proceso de resta, porque cada vez somos menos.

La novedad es que la cuenta de la desmejora no se detiene y la tendencia indica un final por agotamiento y sin shocks agresivos. La gasolina y el gas se van acabando poco a poco; hasta la población residente es ahora menos de la que se tenía cuatro años antes, cuando debería ser lo contrario. Las cifras de la encuesta encovi imprimen la estampa grande o matriz; hay otras impresiones no representadas en cifras pero que son altamente indicadoras.

Veamos: oigo ruido en la reja de la casa y salgo a ver. Es un chamito entre 10 y 12 años con un pico al hombro y una tijera en la mano. Señor, le arreglo el jardincito, me dice, y la respuesta se me atraganta porque no sé qué decirle al instante. Esa estampa se suma a la de la mujer joven con dos niñas tras de ella que van por la calle y de puerta en puerta pidiendo que le den algo de comer, o la estampa de varias personas que se compiten las bolsas de basura tiradas en la acera, mientras los zamuros revoletean en su alrededor, o la figura gravada en nuestra mente de la chamita con su carretilla full de mangos para la venta en una calle cualquiera, o la del hombre cincuentón que se atropella en la puerta del microbús para entrar con dos bombonas de gas colgadas de sus manos. 

No faltan las evidencias de casos que vistos a la luz de años atrás resultan difíciles de creer, como el de la señora residente en Maracay que fue con sus dos hijas menores a principios de marzo  a visitar a su padre en San Cristóbal y estando allá la sorprendió la cuarentena, y tuvo que esperar hasta mediados de junio para conseguir un servicio de transporte que le permitiera retornar a Maracay, o el caso de una amiga residente en Caracas que salió en su vehículo de viaje hacia Carúpano pero la gasolina del carro alcanzó llegar hasta Cumaná y allí tuvo que esperar tres días para conseguir el combustible para poder llegar a su destino 

En fin, las estampas se trasponen dejando un cuadro donde solo caben las expresiones de malestar y tristeza. Esa es la Venezuela de hoy, la que nos queda y en la que seguimos viviendo; la Venezuela que contrasta con el “ta´barato, dame dos” de los años ´70.  

El proceso de resta continúa, pero la voluntad y tenacidad del venezolano luce inagotable. El país es una excepción en capacidad de resiliencia y adaptaciones. Ya son muchas las poblaciones donde la gente se está acostumbrando a cocinar con leña debido a la falta de gas y electricidad. El cartelito que dice “cerrado por cuarentena” es cada vez más visible, y otro cartelito, esta vez colgado en la ventana de una casa, dice: “ofrezco asesoría sobre teletrabajo”. Un poco más allá, una pancarta a la entrada de un garaje ofrece: “compra y venta de partes de bicicleta”. En una red social alguien escribió: “busco socio para montar fábrica de respiradores” y lo más novedoso es que en Caracas está tomando auge la perforación de pozos en alrededores de edificios para obtener así el agua que se necesita en los hogares.

Son demostraciones para seguir aguantando y adaptarse, pero también para aprovechar los cambios emergentes a raíz de la pandemia. Cambio y adaptación es un binomio del cual surgen las oportunidades, pero no todas las personas tienen las habilidades para aprovecharlas. En todas las impresiones y casos antes referidos, el proceso económico es infalible y determinante; muchos de los casos es lo que algunos analistas denominan como “oportunidades de negocio” y otros prefieren identificarlos como “economía informal”. Llámese de una u otra forma, lo importante es la realidad del cambio, las adaptaciones y las oportunidades. Es lo que las cifras no dicen, pero que tiene tanto o más significado que varios dígitos.

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