El estudio revelado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos el 15 de octubre, indicó que los sistemas de ventilación en las cabinas de los aviones no ayudan a propagar la COVID-19, puesto que filtran el aire de manera eficiente, eliminando las partículas que podría transmitir el virus.

El estudio, publicado sin llevar a cabo una revisión por pares, no tomó en cuenta otros factores que podrían fomentar que las personas adquieran el virus a bordo de una aeronave, como recibir algún tosido de otro pasajero o que el mismo le respire muy de cerca sin ninguna medida de bioseguridad como el tapabocas.

Para llegar a esta conclusión, el Comando de Transporte de los Estados Unidos, la Agencia de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA) y el Comando de Movilidad Aérea utilizaron aviones Boeing 777-200 y 767-300 cargado con sensores destinados a duplicar el efecto de un vuelo lleno de pasajeros, aseguró la periodista Gabriela Frías a través de un vídeo.

Tenían un muñeco que simulaba a un pasajero infectado con un virus respiratorio, que iba tosiendo con la mascarilla puesta, por lo que utilizaron trazadores de aerosol fluorescente para ver en qué dirección se dirigían las partículas, dándose cuenta que eran succionadas rápidamente por el sistema de ventilación.

Filtros protectores

El portal web especializado en información para profesionales de turismo, Reporte Lobby, explicó a través de un artículo que todos los aviones Airbus fabricados desde 1994 están equipados desde hace años con filtros de partículas de alta eficiencia, denominados High Efficiency-Particulate Arrestors (HEPA).

Estos filtros brindan el mejor nivel de filtración disponible para la recirculación de aire al interior del avión, eliminando más del 99,9% de las micro/nano partículas, virus y bacterias, incluido la COVID-19, indican en el artículo.

Por su parte, un reportaje de National Geographic confirma esto, puesto que en aviones con filtros HEPA, la circulación del aire “refleja el flujo aéreo laminar en un quirófano donde los flujos de aire no se cruzan o lo hacen mínimamente”, afirmó el Dr. Bjoern Becker, de la compañía de aerolíneas Lufthansa Group.

Explicado por otro experto, los filtros HEPA certificados “bloquean y capturan un 99,97 por ciento de las partículas atmosféricas de más de 0,3 micrones”, aseguró Tony Julian, experto en purificación de aire del RGF Environmental Group.

Mientras que Liam Bates, consejero delegado y cofundador de Kaiterra, un fabricante de medidores de la calidad del aire, alegó que “normalmente, la cantidad de partículas en el aire es muy baja, el avión es prácticamente una sala estéril, porque hay mucha ventilación y pocas fuentes de generación de partículas en un avión”, añadiendo que “los aviones son más seguros que casi cualquier otro espacio confinado”.

Sin bioseguridad sí hay riesgo

A pesar de la efectividad de los filtros HEPA, la propagación del virus en aeronaves no podrá ser evitado sin pasajeros responsables, es decir, que usen mascarillas y guantes en todo momento, así lo indicó Bates.Según David Powell, asesor médico de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), “de los 44 casos potenciales de COVID-19 asociados a un viaje en avión entre unos mil 200 millones de pasajeros representan tan solo un caso por cada 27 millones de viajeros. Somos conscientes de que los datos pueden estar subestimados, pero incluso si hubiese un 90% de casos no notificados, seguiría siendo un caso cada 2.7 millones de personas”.

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